Tiempo de bebé
Joe estaba en sus vacaciones escolares, y cada mañana bajaba corriendo las escaleras para ver si ya había llegado un paquete que pidió. Ya debería haber llegado y él estaba muy emocionado.
Joe tenía 12 años y acababa de llegar a la pubertad, pero no se notaba porque tenía un defecto de crecimiento que significaba que su cuerpo no tenía el tamaño que debería tener, sino que era muy grande y a penas si lo trataban como niño. En la escuela lo trataban de forma normal, pero él odiaba su situación, la cual cambiaría muy pronto con lo que tenía planeado.
Joe vivía con su mamá, quien siempre estaba en el trabajo; era una empresaria de alto nivel y a menudo lo dejaba solo para que hiciera lo que quisiera. En realidad, lo había dejado solo toda su vida con niñeras, etc.; nunca le dio mucho amor, pero sí le daba dinero para gastar. Él quería una mamá cariñosa, y simplemente experimentar eso por una sola noche sería genial.
Entonces sonó el timbre de la puerta y el cartero dejó lo que él estaba esperando. Joe lo recogió y subió corriendo las escaleras rompiendo la caja mientras lo hacía. Sonrió al sacarlo de la caja: era un pequeño dispositivo metálico con dos cables conectores y una pantalla digital; era perfecto y era exactamente lo que quería. Un prototipo de intercambio de cuerpos que había conseguido en internet.
Miró por la ventana de su dormitorio para ver a una niña de 3 años jugando en su jardín con su mami. Una mamá joven de veintitantos años, con buen cuerpo, un corte de cabello castaño estilo bob y una hermosa sonrisa. Joe pensó por qué su mamá no podía ser como ella mientras miraba el dispositivo y luego a la niña.
En ese momento lo escuchó: "¡Mami, mami, necesito hacer pipí!", y miró por la ventana para ver a la niña pequeña de pie con las rodillas juntas ya que era demasiado tarde y se había mojado el pañal, y comenzó a llorar. "Está bien Alice, querida, no llores". Su mamá le dio un gran abrazo y caminó con ella de la mano hacia la casa. Joe sonrió y dijo "¡Mami, mami, necesito hacer pipí!" exactamente con la misma voz y se rió; había estado practicando durante meses para sonar exactamente igual cuando tomara su lugar. Se sentó y leyó su cuaderno de notas: el nombre del oso de peluche era Mr. Bobo, caricatura favorita My Little Pony, color rosa, todavía usa chupete en la cama, usa pañales, etc. Había estado planeando durante meses solo para tener una noche con una mamá cariñosa.
Finalmente había llegado la noche; a las 6:00 p.m. Joe observó desde la ventana del dormitorio de su mamá cómo acostaban a la pequeña Alice. "Es el momento", pensó. Tomó la llave de la casa de los vecinos (la mamá de Alice se la había dado a la mamá de Joe para emergencias) y agarró el dispositivo. Joe esperó media hora, luego corrió a la casa de al lado, se deslizó con cuidado y subió las escaleras hacia el dormitorio de Alice. Miró a Alice durmiendo plácidamente. Pensó para sí mismo: "Lo siento, Alice, pero necesito esto".
Entró en un armario de la habitación procurando encontrarse lo más cómodo posible, casi como para quedarse dormido. Colocó con cuidado un conector en la sien de Alice y el otro en la suya, y presionó el botón de activación.
Un leve zumbido llenó la habitación y una ráfaga de mareo lo envolvió. Cuando Joe abrió los ojos, su perspectiva del mundo había cambiado por completo: todo se veía gigantesco. Se miró las manos y vio unos dedos pequeñitos; miró su ropa y llevaba la pijama rosa de My Little Pony. Se tocó el cabello y sintió las coletas con ligas rojas. El intercambio había sido un éxito perfecto.
En el armario, su antiguo cuerpo de 12 años ahora albergaba la mente de la pequeña Alice, que seguía profundamente dormida por el efecto secundario del dispositivo. "Lo siento, Alice, solo será por 2 o 3 horas y te he dejado en un lugar cómodo", pensó Joe con su nueva voz infantil.
Joe, ahora en el cuerpo de Alice, caminó hacia el espejo. Se tambaleó un poco al principio, adaptándose a las piernas cortas y al peso del pañal que llevaba puesto, pero pronto dominó el caminar de Alice. Tomó a Mr. Bobo de la cama y se puso el chupete en la boca.
Luego se detuvo; ¿por qué bajaría Alice las escaleras? Una mala pesadilla. Corrió rápidamente al vaso de agua que estaba al lado de la cama y se salpicó la cara para parecer que había estado llorando. Un rápido vistazo al espejo: perfecto.
Tratar de bajar las escaleras con piernas tan pequeñas y un pañal abultado era difícil, pero bajó despacio. Lo logró y luego la vio a ella: su nueva mamá por esa noche, en camiseta y leggings, limpiando el desastre del día causado por Alice. Ella se giró y vio a Joe; era el momento, su corazón latía rápido.
—¿Ali, estás bien, cariño? Pareces como si hubieras estado llorando.
—Mami... tengo miedo.
—¿Por qué, cariño?
—Vi un monstruo en mi habitación.
—Aww, Ali, solo fue un mal sueño, ven aquí, dale un abrazo a mami.
Joe corrió hacia su nueva mamá y la abrazó fuertemente; ella lo cargó.
—Sé lo que voy a hacer: hacerte cosquillas en la barriga.
Joe no necesitó fingir la risa, porque el cuerpo de la pequeña era sumamente cosquilloso.
—¡Mami, para, jejeje!
—Eso es lo que me gusta ver, esa hermosa sonrisa. ¿Quieres volver a la cama ahora?
—No, mami, Mr. Bobo tiene miedo.
—Oh, ¿de verdad? Bueno, cariño, ¿qué hacemos?
Joe quería estar con su nueva mami durante unas cuantas horas más; lo único que arruinaría esto sería que el dispositivo revirtiera el proceso antes de tiempo o que su cuerpo anterior se despertara.
—Te amo, mami.
—Yo también te amo —dijo besando la frente de Joe.
Joe estaba en los brazos de su nueva mamá disfrazado de su hija de 3 años; ella acababa de darle un beso en la frente.
—Ali, ¿te sientes bien? Te siento agitada.
—Me siento bien, mami —dijo Joe rápidamente.
La mamá de Alice puso a Joe en el sofá; se sentía raro estar sentado con un pañal. Joe tomó el chupón y se lo puso en la boca, y abrazó al oso de peluche de Alice, el Sr. Bobo.
—Awww, te ves tan tierna, Ali, ¿pero no estás un poco grande para ese chupón?
Joe solo miró a su nueva mamá; estaba disfrutando mucho sentirse amado, a diferencia de ser ignorado por su verdadera mamá.
—¿Quieres un poco de leche tibia, Ali?
—Sí, por fis, mami —dijo Joe intentando sonar tierno.
—¿Serías tan amable de guardar tus muñecas, por favor?
—Sí, mami. —Joe corrió hacia donde unas muñecas Barbie estaban sentadas alrededor de un juego de té de tamaño para muñecas. Se sentó junto a ellas e imaginó qué haría Alice: si las guardaría o empezaría a jugar con ellas; eligió lo segundo.
Joe no sabía cómo jugar con las muñecas, solo se quedó allí sentado sosteniéndolas en sus manos.
—¡Allie, te dije que las guardaras!
—Perdón, mami, pero Barbie quería bailar conmigo —dijo Joe pensando rápido.
—¿Ah, sí? ¿Así? —La mami de Allie levantó a Joe en sus brazos y comenzó a mecerse.
—Mami, eres una buena bailarina.
—Tú también lo eres, mi angelito.
Joe sonrió, y ella le devolvió la sonrisa.
—Oh, me encanta esa sonrisa. ¿Ya estás cansada, Ali?
—Un poco, mami, ¿puedo quedarme despierta y tomarme la leche, por fis?
—Sí, cariño, ya voy por ella.
Cuando la mamá de Alice se alejó, la mente de Joe comenzó a acelerarse por la adrenalina y la emoción de la situación. Por un instante sintió el impulso biológico de su cuerpo de 12 años ante la proximidad de una mujer mayor, pero al intentar reaccionar se chocó con la realidad: el pequeño cuerpo en el que se encontraba no respondía a esos estímulos. Sintió la extrañeza de no tener su anatomía masculina y simplemente tuvo que acomodarse el bulto del pañal mientras intentaba calmar sus pensamientos.
—Aquí tienes, cariño, aquí está tu leche. ¿Qué estás haciendo con tu pañal? ¿Tuviste un accidente?
Joe la miró sin saber qué decir, hasta que soltó:
—No, mami, necesito hacer pipí.
—Iré a traer tu bacinica.
Pero qué de..., pensó Joe. Pensé que me llevaría al baño para tener privacidad.
—Aquí está, la pondré aquí abajo.
Colocó la bacinica de plástico rosa en el suelo, junto a él.
—¿Quieres que te quite el pañal?
Joe pensó rápido. —¡No, mami, soy una niña grande! —Joe zapateó y puso cara de enojo.
—Está bien, iré a la cocina y esperaré a que me llames, ¿de acuerdo?
—¡De acuerdo!
Menos mal. Rápidamente se desabrochó el pañal, se bajó el pantalón rosa del pijama y se sentó en la bacinica.
—Ok, primero tengo que deshacerme de esta erección y luego tengo que forzar la salida del pipí.
No había ninguna erección, para Joe no era claro como quitarse aquel sentimiento de excitación. Empezó a tocar ahí frustado sin encontrar nada, solo la grieta.
La mamá de Alice lo escuchó quejarse y gritó: —Ali, cariño, no pujes demasiado, ya saldrá a su tiempo.
Joe sonrió, ante la ingenuidad de su madre. A continuación, decidió que daba igual, mirara por donde mirara su nueva zona no delataba sus sentimientos.
Orinó, mientras obsevaba atentamente desde donde salía la orina, luego tomó un paño húmedo y se limpió, era una sensación de vacío tan reconfortante.
—¡Mami, ya terminé, mira!
La mamá de Alice volvió a la habitación con una enorme sonrisa en el rostro. —Bien hecho, cariño, y también te limpiaste tú sola.
—Sí, mami, te dije que era una niña grande.
—Sí que lo eres. —La mamá de Alice se inclinó y lo besó.
—Alice, ya es hora de ir a la cama, me temo que tienes que irte.
—¡Mami, no!
—Sí, Alice, sé una buena niña y corre arriba, mami te seguirá pronto.
—Está bien.
—¿Quieres que te suba la leche?
—No, mami, ya tuve suficiente —dijo Joe.
Joe llegó a la habitación de Alice; fue un esfuerzo subir las escaleras, pero lo logró y se metió en la cama de la verdadera Alice. En ese momento, la mamá de Alice entró y arropó a la que creía que era su hija en la cama.
—Te leeré otro capítulo de tu libro, cariño, y luego apagamos las luces, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. —Joe se puso el chupón en la boca y lo succionó.
Después de un rato, Joe fingió cerrar los ojos y empezó a respirar de forma pesada, justo como lo hacía la verdadera Alice, y simuló quedarse dormido.
La mamá de Alice le acarició la frente y salió de la habitación.
Awww, se acabó tan pronto. Joe se sintió triste, pero se miró la ropa de Alice y las ligas coletas de su cabello. Corrió al armario donde estaba la verdadera Alice dormida.
Le puso el dispositivo y se recostó de nuevo en la cama de Alice y se relajó. Apretó sus piernas pensando en como pronto sentiría un relleno ahí. Pero intentó calmarse, oliendo aquella cama y toda la esencia de niña. Casi se duerme, pero logró activar el dispositivo antes de hacerlo.
—Oh, gracias Alice por dejarme ser tú, tu mami nunca se dio cuenta —dijo Joe riendo.
Joe se escabulló por el mismo camino por el que entró y fue directo a su casa; allí se llevó una sorpresa.
—Hola Joe, ¿te divertiste?
Un joven estaba sentado en una silla frente a él, bastante chaparrito en comparación a él.
Joe sonrió. —Sí lo hice, Steve. Lo probé y fue de maravilla, aquí está.
Steve miró el dispositivo detenidamente.
—Vaya, se ve increíble, he estado aprendiendo sobre la mamá de Alice como me dijiste... Ali, cariño.
Joe se rió. —Sí, mami.
Era su turno de usar el dispositivo para jugar.
Ohhh no esperaba la posibilidad de una parte 2!!
ResponderBorrarTengo mucha curiosidad de como se desarrolla esto!