Voy a decirle a la maestra 3
Después de servir la comida, la maestra Mikumo dirigió el agradecimiento antes de comer. Los cuatro protagonistas se sentaron a la misma mesa.
— ¡Mira, profe! ¡Seara puede comer zanahorias! —dijo Seara (en el cuerpo de Sotaro)—. ¡Normalmente no puedo y las dejo, pero hoy no me saben mal!
Sotaro (en el cuerpo de Seara) y Hinami (en el cuerpo del niño) intercambiaron miradas. Hinami señaló el plato de Sotaro. — Sotaro, prueba eso.
Sotaro pinchó una zanahoria y se la llevó a la boca. A Sotaro no le gustaba el hongo shiitake, pero no tenía problemas con las zanahorias. Sin embargo... — ¡¿Mgh...?! ¡Cof, cof! —Sotaro escupió la zanahoria inmediatamente—. ¡Qué asco!
El cuerpo de Seara rechazaba el sabor de la zanahoria. Quedó demostrado: incluso el sentido del gusto se había intercambiado. Sotaro sintió cómo se le iba la sangre del rostro al darse cuenta de que su mente se estaba adaptando a la biología de la niña.
Por otro lado, Hinami se manchó la cara con salsa de espagueti. Renta (en el cuerpo de Hinami) sacó un pañuelo azul del bolsillo de su falda y la limpió con una suavidad asombrosa. — ¿Renta-kun, cómo sabías que había un pañuelo en ese bolsillo? —preguntó Hinami, aterrada. — Eh... No lo sé. Mi mano se movió sola.
El cuerpo recordaba los hábitos. El miedo a que el intercambio fuera permanente empezó a tomar una forma real y oscura en la mente de Hinami.
Conflictos y Lágrimas
Después de lavar los dientes (Sotaro tuvo que usar el kit rosa de "niña"), la tensión estalló. Renta estaba desesperado por recuperar su cuerpo, pero Seara confesó que no le importaría quedarse como un chico de secundaria.
La discusión subió de tono. Sotaro, enfadado porque Hinami y Renta habían intentado ir al santuario a escondidas sin él, empujó a Hinami. Pero la fuerza de una niña de cinco años no es nada contra la de un niño; Hinami (en el cuerpo del niño) la empujó de vuelta. Sotaro golpeó su espalda contra una mesa.
— ¡Uwaaaaa! ¡Buaaaaa! —Sotaro estalló en llanto. Sus inhibiciones habían desaparecido y el cuerpo de Seara reaccionó con un llanto incontrolable. La maestra Mikumo tuvo que intervenir para calmar el escándalo.
La Siesta: El Despertar de los Instintos
Llegó la hora de la siesta. Una amiga de Seara, Fujimaru-chan, ayudó a Sotaro a ponerse un pijama de la serie de anime "Heartful Dream". Sotaro se acostó en su futón, todavía sollozando. Seara se acostó a su lado.
En la oscuridad del aula, Seara acarició el pelo de Sotaro. — Profe... ¿no te ha pasado nada bueno siendo Seara? —susurró ella—. A mí me han pasado muchas cosas buenas siendo tú... ahora quiero que tú hagas algo bueno en mi cuerpo. Algo que solo se puede hacer con el cuerpo de Seara.
De repente, Sotaro sintió una sacudida eléctrica en todo el cuerpo. Seara, usando su mano de adolescente, acarició a Sotaro por encima del pijama en un lugar sensible. — Se siente bien, ¿verdad? —susurró Seara—. Yo siempre lo hago cuando me siento sola o triste. Ahora, hazlo tú misma.
Seara guio la mano de Sotaro hacia su propia entrepierna. Sotaro, aunque tenía miedo, cerró los ojos y empezó a mover sus propios dedos, siguiendo las instrucciones de la niña. El sonido del roce de la tela y la piel llenó el espacio entre ellos en la oscuridad. Sotaro se rindió a la sensación, gimiendo suavemente mientras Seara lo acariciaba con una sonrisa tranquila.
La Confusión de Renta y Hinami
En otra parte de la sala, Hinami y Renta estaban juntos. Renta estaba al borde de la locura, mirando su nuevo cuerpo de mujer. — ¡¿Por qué tengo esto?! —decía Renta, apretando sus propios pechos de adolescente con desesperación—. ¡Soy un chico! ¡Esto no debería estar aquí!
Intentó aplastarlos para borrarlos, pero la elasticidad de la carne femenina no cedía. De repente, su expresión cambió. — Ah... ¿qué es esto? Se siente... raro...
Renta empezó a acariciarse de forma más suave, incapaz de detenerse a pesar de las súplicas de Hinami. Finalmente, Renta perdió el juicio, se abalanzó sobre Hinami (el niño) y la abrazó con fuerza contra su pecho suave.
— Jeje... ahora yo soy la "profe chica"... —dijo Renta con una voz seductora que Hinami no sabía que podía producir. Hinami intentó zafarse, pero al ser aplastada contra el pecho de su propio cuerpo original, sintió una calidez y una paz extrañas. Sus fuerzas se desvanecieron.
— Duérmete... Renta-kun... —susurró Renta al oído de Hinami, invirtiendo sus identidades por completo antes de caer en el sueño.
En la tarde de la Guardería Fuzulina, durante la siesta, los niños dormían plácidamente. Renta (en el cuerpo de Hinami) miraba los coches pasar desde la valla, sintiendo cómo su voz y sus manos ya no tenían rastro de su antiguo ser masculino.
Seara (en el cuerpo de Sotaro) se le acercó. — ¿Por qué me siento tan agitado cuando me hablas? —preguntó Renta. — Es porque tu cuerpo de Hinami reacciona al cuerpo de Sotaro —explicó Seara con una madurez impropia—. Escucha, los recuerdos del cuerpo y los de la mente se están mezclando. Si no hacemos algo ahora, los "verdaderos" Sotaro y Hinami se olvidarán de que alguna vez fueron ellos mismos.
Para "proteger" ese vínculo, Seara convenció a Renta de escapar de la guardería e ir al santuario una última vez. Su petición a los dioses fue clara: "No borres los recuerdos de nuestra mente, ni los de nuestros cuerpos".
El Encuentro en el Patio
Mientras tanto, Sotaro (niña) y Hinami (niño) se buscaban desesperadamente, tomados de la mano. El miedo de Hinami era total: temía no recuperar jamás su cuerpo original. Al verse los cuatro en el patio, la confrontación fue inevitable.
— ¡Devuélvannos nuestros cuerpos! —suplicó Hinami (niño). — No —respondió Renta (Hinami)—. He decidido vivir como Hinami, y Seara vivirá como Sotaro. Es la única forma de que estemos juntos para siempre.
Sotaro (niña) intentó protestar, pero Seara (Sotaro) lo agarró por los hombros. — Lo siento, profe. Pero te amo tanto que solo puedo hacer esto —dijo Seara. Y entonces, lo besó. Fue un beso silencioso que pareció detener el tiempo.
Cuando se separaron, Sotaro intentó gritar: "¡No te burles de mí! ¡Devuélveme mi cuerpo!". Pero lo que salió de su boca fue: — "¡No te burles de Seara! ¡Devuélvele su cuerpo a Seara!"
Sotaro entró en pánico. Al hablar de sí mismo, ahora usaba el nombre de "Seara" y el lenguaje infantil de la niña. — Esto es lo que significa la memoria del cuerpo —explicó Seara con una sonrisa—. Tu forma de hablar ahora es la de la niña. Si quieres recuperar tu habla normal, tendrás que volver a besarme.
— ¡No es justo! ¡Uaaa! —Sotaro (niña) rompió a llorar mientras Seara (el adolescente) lo cargaba en brazos para consolarlo.
Luego, Seara miró a Renta (Hinami): — Ahora es tu turno, "Hinami". Haz lo mismo con "Renta-kun". — Sí —respondió la estudiante de secundaria, acercándose al niño que temblaba de miedo.
Un Final Permanente
Una semana después, los cuatro se reunieron en el banco del Parque Yamaarashi. El santuario había desaparecido por completo, como si nunca hubiera existido.
La situación ahora era estable, pero extraña:
Sotaro (en el cuerpo de la niña) seguía hablando como Seara, quejándose de que el cuerpo "deseaba" estar con el adolescente.
Hinami (en el cuerpo del niño) estaba indignado porque Renta (en el cuerpo de Hinami) admitió que, aunque su mente amaba al niño, su cuerpo de mujer había "buscado" a Sotaro por instinto.
— Profe, dame un besito... —decía Sotaro (niña) con voz mimosa. — No me hables así, me da vergüenza —respondía Seara (el adolescente)—. Pero bueno, si quieres recuperar tu forma de hablar, primero tienes que besar a Renta-kun.
Seara y Hinami (los adolescentes) se apartaron para dejar a los dos niños solos en el banco. — Oye, Renta-kun... ¿estás listo? —preguntó la niña. — Sí, Seara... adelante...
Aunque sus formas físicas habían cambiado para siempre, sus corazones permanecían entrelazados en este nuevo y extraño destino.


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